Magdalenas (Madeleines) - Cocinando al Fuego
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21 May Magdalenas (Madeleines)

Magdalenas (Madeleines)

 

“….un día de invierno, al volver a casa, mi madre, viendo que yo tenía frío, me propuso que tomara, en contra de mi costumbre, una taza de té. Primero dije que no, pero luego, sin saber porqué, cambié de idea. Mandó mi madre por uno de esos bollos, cortos y abultados, que llamaban magdalenas, que parece que tienen por molde una Coquille Sain Jacques. Y muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado y por la perspectiva de otro tan melancólico por venir, me llevé a los labios una cucharada de té en el que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquél trago, con las migas del bollo tocó mi paladar, me estremecí, fija la atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que lo causaba. Y él me convirtió las viscicitudes de la vida en indiferentes, sus desastres en inofensivos y su brevedad en ilusoria, todo del mismo modo que opera el amor, llenándome de una esencia preciosa: pero mejor dicho, ésa esencia no es que estuviera en mí, es que era yo mismo….Y de pronto el recuerdo surge. Ése sabor es el que tenía el pedazo de magdalena que me ofrecía mi tía Leoncia, después de mojado en su infusión de té o tilo, los domingos por la mañana en Combray (porque los domingos yo no salía hasta la hora de misa) cuando iba a darle los buenos días a su cuarto…..En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojada en tilo que mi tía me daba…….la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto,vino a mi memoria como una decoración de teatro…..; y con la casa vino el pueblo, desde la hora matinal hasta la vespertina y en todo tiempo, la plaza, adonde me mandaban antes de almorzar, y las calles por donde iba a hacer los recados y los caminos que seguíamos cuando hacía buen tiempo. Y como ese entretenimiento de los japoneses, que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer informes y que en cuanto se mojan comienzan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora, todas las flores de nuestro jardín  y las del parque de Monsieur Swann y las ninfas de Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo éso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té”

Marcel Proust, Por el Camino de Swann”

magdalenas

Es el anterior pasaje uno de los más citados y más bellos de la literatura universal.

Es común en Francia citar la “Magdalena de Proust” para denominar al proceso involuntario de evocar momentos del pasado a partir de un objeto, acto, sabor, color u olor desencadenantes del recuerdo.

En españa lo he oído algunas veces y yo mismo lo utilizo a menudo, la última vez, para comentar el libro de Guillermo Fesser “A Cien Millas de Manhattan”.

Seguramente las Magdalenas que la madre de Marcel Proust mandaba a comprar distaban bastante de las que están en las góndolas de las gasolineras a 1 Euro el paquete y que más vale evitar ya que forman parte de lo que yo llamo “terrorismo gastronómico”

El origen de este bollo es incierto para esta esponja realizada a partir de azúcar, harina, mantequilla y huevos, todo saborizado con limón o agua de flores de naranja. La mezcla se hornea en moldes ovales acanalados que dan al producto forma de ostra.

Se atribuyó a Avice, el cheff de Talleyrand, Jefe de estado de Francia, que tuvo la idea de hornear mezcla para torta en moldes de aspic. Otras autoridades culinarias le atribuyen mayor antigüedad y su origen en la ciudad francesa de Commerce, que era un Ducado bajo el mando de Stanislaw Leszcynski. Se dice que durante una visita al castillo en 1755 , el Duque quedó enamorado de estas pastas realizadas por una campesina llamada Madeleine. Esto creó el comienzo de la aficción por las “Madelaines” que así fueron bautizadas por el Duque y llevadas a Versailles por su hija Marie, que se casó con Luis XV.

Confección

Derretir 100 g. de mantequilla sin que llegue a calentar.enmantecar un molde para Magdalenas* con 20 g. de mantequilla.

Colocar en un bowl el jugo de medio limón con una pizca de sal, 125 g de azúcar superfina (impalpable), tres huevos enteros más una yema. Mezclar todo bien con espátula de madera y agregar espolvoreando 125 g de harina repostera del El Amasadero  incorporando a la harina  medio sobre de leudante químico Royal. Mezclar hasta obtener una pasta suave y homogénea, agregando finalmente la mantequilla derretida. Mezclar sólo lo necesario, ni un minuto más.

Llenar las cavidades del molde hasta 2/3 de su altura.

Hornear en horno precalentado a 180ºC por diez minutos. Desmoldar sobre una rejilla y dejar enfriar.

* Por favor señoras! Las recetas clásicas deben respetarse! Las Magdalenas se moldean en moldes con forma de “Magdalenas” y no en forma de copas. Esas otras formas de masa  se llaman “muffins” y jamás darán la textura adecuada. Los moldes apropiados los venden hasta los chinos! Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

 

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2 Comments
  • cristina
    Posted at 17:54h, 22 mayo Responder

    me gusto mucho el relato

    • Ricardo
      Posted at 21:11h, 22 mayo Responder

      Gracias, y se agradece participar en el blog.

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